No creo en el desorden como forma de libertad.
Ni en la confusión como sinónimo de profundidad.
La oscuridad no es ruido.
Es arquitectura emocional.
Lo que ves —la crudeza, lo quebrado— está diseñado.
Cada grieta, cada sombra, cada textura es una decisión.
Cada emoción —la desesperación, la nostalgia y el deseo—
pasa por mi cuerpo como un sistema de ríos que con el tiempo y sudor aprendí a leer.
No es un alter ego.
No hay máscara. No hay personaje.
Esto es, esto soy, tal cual lo vez.
sentimental, obsesivo, impulsivo, preciso.
Amo con método. Me hundo con intención.
Ordeno el desorden para que la herida se vea.
Sin maquillajes. Sin ilusiones.
Me han dicho que soy muy cuadrado.
Que trabajo y calculo como si de álgebra se tratase.
No siempre entienden que, a veces, la única forma de sostener lo salvaje
es construirle un templo.
Este proyecto no es una vía de escape.
Es una disección. Una autopsia en tiempo real.
Es lo que pasa cuando el caos y el dolor encuentra a quien lo escucha
sin temerle. Sin idealizarlo. Sin rendirse ante él.
Esto es Drazna.
No es un grito.
Es un mapa que deja el grito.
Un mapa para encontrarse.